Belles Arts, Sabadell (Barcelona, Spain) 2012-13

ENTRE TIEMPO Y ESPACIO
Encuentros entre la música y las artes plásticas

 Eeva Tervala y Juan Antonio Muro

Acadèmia de Belles de Sabadell (Barcelona)

18.12.2012 – 27.01.2013

 

La mayor parte de las obras de esta exposición tienen una relación más o
menos directa con la música.

Sobre algunas obras ya hay música compuesta y sobre otras la música está en
proyecto aunque podríamos decir que todas ellas llevan el germen de algo que
tambien podría expresarse con sonidos.

Son muchos los elementos comunes a ambas artes. El tiempo y el espacio, por
ejemplo, no solo son la base sobre la que la música y las artes plásticas
desarrollan respectívamente la esencia de sus tecnologías, sino que, además,
forman un campo común, imprescindible para la formación de estructuras,
contenidos y significados. También, por ejemplo, el movimiento, el ritmo, la
armonía y el color son además de terminología habitual, elementos
constructivos comunes.

Es, pues, comprensible que la relación entre las artes plásticas y la música sea
rica en interpretaciones; desde la relación emocional, fuertemente expresiva y
fácilmente compartible, aunque difícil de comprobar, hasta la relación
puramente formal, para cuya comprensión es a menudo necesario el lenguaje
hablado. Existe además el interesante, pero dificilmente compartible y también
incomprobable fenómeno de las sensaciones sinestéticas, es decir, cuando una
imagen que pertenece a cierto mundo de percepciones afecta a otra imágen
perteneciente a otro ámbito totalmente diferente.

Se trata pues de una relación polémica que puede ser también problemática ya
que podríamos suponer, por ejemplo, que una conexión auténtica entre dos
obras de diferente tecnología con un supuesto significado común sería la que
proporcionara, además, una experiencia sensorial de la misma naturaleza. Pero
¿es posible encontrar el mismo significado a dos obras de este tipo sin ayuda
del lenguaje hablado? Sin un título logrado o sin una explicación bien
fundamentada ¿podemos ver en ellas una relación sensata?

Parece ser que no. Los filósofos mantienen que ningún arte puede, por sí
mismo, generar una analogía con otro arte sin la ayuda del lenguaje hablado.

Por otra parte, y especialmente en casos complejos de relaciones sinérgicas,
¿debería el artista preocuparse por lo que el espectador percibe o no percibe
en su obra? ya que, al fín y al cabo, el arte consiste en tener ideas, no en
explicarlas.

Sobre las obras de la exposición

El sueño del viento (música de Frederic Mompou),
Au-dessus des nuages, Rizos, Cuatro momentos (música de J.A. Muro)

 

La instalación El sueño del viento nace de una visión, inspirada en la música
de Frederic Mompou, donde objetos en forma de cuna flotan en un espacio libre.
Como balancines en silencio donde reposan flores secas, rojas como voces
claras. Los columpios están desordenadamente ordenados; los espacios entre
ellos son símbolos de pausas musicales, la voz del silencio. La música de
Mompou, limpia y tolerante, quiere transformarse en un canturrear de los ojos.
Ambas parecen librarse de la gravedad y moverse en un presente a la vez
pasado y futuro.

El sueño del viento es soñar con la quietud, con el gozo, con la aceptación, con
el encuentro, con la fragilidad, con una verdad irreal.

Au-dessus des nuages fué realizada al mismo tiempo que la composición del
mismo nombre que, junto a la música de Mompou, figura en el programa del
concierto del dia 10 de enero. Tanto la pintura como la composición musical,
son del mismo autor.

Un viaje en avión. El vuelo al despuntar el dia. El avión atraviesa la espesa capa
de nubes y emerge en el espacio en pleno amanecer. El nombre -Por encima de
las nubes- se basa en esta experiencia visual y auditiva en la que dos
elementos totalmente diferentes se enfrentan y provocan una fuerte
experiencia de tiempo y espacio.

Las dos obras son independientes una de la otra. Contienen elementos que
pueden sugerir, por ejemplo, asociaciones de tipo afectivo o de caracter, pero
evitan, entre otras cosas, evidencias de tipo ilustrativo o formal obviamente
perceptibles o intentos de creación de estímulos sinestéticos que ciertas
asociaciones foto-acústicas pueden provocar. Las similitudes estructurales
son detectables solo a través de un análisis preciso. De todas maneras, ambas
obras pretenden provocar un mismo tipo de experiencias y alcanzar un mismo
nivel de intensidad expresiva.

Sobre si es o no es posible lograr una comunicación directa sin la ayuda del
leguage hablado y sobre el proceso de creación de ambas obras hay un ensayo
del mismo autor publicado por el Museo Amos Anderson de Helsinki, a
disposición del público.

En las ondas blancas y caprichosas del agua la mirada vaga como la luz que
roza la superficie. En la obra Rizos, la luz y el agua, atrapadas entre dos tiras
de plástico y ahogadas en un espacio sin aire esconden una ilusión de libertad.
La obra conecta con la composición El camino del agua, de J.A. Muro a través
del poema de E. Tervala del mismo nombre que tambien figura en la
composición. Tanto la obra pictórica, el texto como la música representan una
opinión a favor de la pureza del agua.

Cuatro momentos se inspira en la composición de J.A. Muro del mismo
nombre (1). La obra, para estudiantes, contiene cuatro partes breves, de
carácter impresionista y de fácil ejecución: Viento suave, Después de la lluvia,
Los colores perdidos y Humoresca. Además de su significado real los nombres
llevan un contenido abstracto que puede hacer referencia a experiencias
inmateriales. La realización visual que la música sugiere, es libre como el sonido
mismo.

Amaryllis, Roca, Raices, Magnolia, Espacio para árboles

En un mundo angustiado por la incesante información sobre dramáticos
cambios climáticos, ambientales, económicos y de otras índoles, puede
producir una sensación irreal seguir detalladamente el crecimiento de una
planta, meditar ante la presencia de una roca diez mil años inmóbil e inmutable
en el mismo sitio, o presentir una raiz que crece en silencio durante cientos de
años oculta bajo la tierra.

Estas son cosas que nos hablan del tiempo. El tiempo cronológico si nos
referimos a la duración, pero que, como la música, tambien experimentamos
psicológicamente, a modo de vivencia íntima. El artista puede acercase a este
concepto abstracto que es el tiempo a través de metáforas.

Magnolia es tan solo un elogio a la aristocrática belleza de la flor pero
Amaryllis es la historia de una flor y al mismo tiempo una metáfora visual del
ciclo de la vida; imagen de un proceso terminado pero tambien de una
esperanza nueva. La Raiz es un símbolo complejo de duración, identidad y
persistencia. La Roca nos habla de un tiempo inmovil, sin sección áurea, sin
drama ni solución final; imágen de una eternidad a escala humana. Espacio
para árboles hace referencia al espacio natural que el hombre se apropia y
transforma para adaptarlo a sus exigencias.

Una actitud hacia la naturaleza

Además de esta relación con la música, ciertamente abstracta y subjetiva,
”Entre el tiempo y el espacio” tambien debe considerarse, conceptualmente,
como una actitud hacia la naturaleza.

Vivimos una época de destrucción sistemática del ecosistema de nuestro
planeta que ni los políticos más hábiles parecen poder frenar. Ante esta
realidad ¿cómo reaccionar?

El filósofo Herbert Marcusse nos decía (2), en el agitado contexto políticosocial
de los años 70, que la función del arte, o tal vez más bien del artista, es
tratar utopías y no, por ejemplo, meterse intencionadamente en asuntos de
carácter político. No podemos decir que este argumento haya perdido
actualidad, pero esta actitud del hombre hacia la naturaleza es mucho más que
una realidad política. ¿Qué puede hacer el artista para ayudar a dirigir la
conciencia hacia actitudes más responsables?

Marcusse tambien nos decía – y eso ya lo hemos aprendido – que pensar que el
arte puede cambiar el mundo es una ingenuidad. Pero tambien, que el arte
puede cambiar el conocimiento e incluso los instintos de los hombres y de las
mujeres que sí pueden cambiar el mundo.

Juan Antonio Muro y Eeva Tervala
———–
(1) De esta composición existen dos versiones, una para flauta, violín, cello y piano o arpa
y otra para cuatro guitarras
(2) Permanenz der Kunst, Herbert Marcusse (1977)

 

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